En una entrada anterior compartí una historia que nos ayuda un poco a entender la importancia de la visión y cómo ésta nos ayuda a tomar decisiones a lo largo del proyecto y permita un verdadera alineamiento entre todos los miembros del equipo. Una vez que se entiende la importancia de la visión el siguiente paso es definirla y he aquí otro clásico problema ¿Cómo defino la visión?
En esta entrada compartiré una forma fácil y sencilla de definir una visión no solamente clara sino que sea útil y pueda ser compartida.
En un lugar muy pero muy lejano, donde aún reinaban reyes y los caballeros se peleaban por encontrar y matar dragones, había una princesa (como la de todos los cuentos y fábulas) que era la envidia del pueblo y a su vez hija del hacendado más poderoso del pueblo. (como siempre) La princesa recibía todos los días visitas de pretendientes y caballeros que ofrecían desde grandes terrenos hasta cabeza de dragones, sin embargo su padre (para variar) era un hombre muy exigente y no permitía que ningún pretendiente se le acercara a su hija.
Al inicio de este año cumplí uno de los objetivos de vida que me había planteado hace varios años atrás: aprender un arte marcial. El arte escogido fue kendo, una especie de esgrima japonés que tiene su origen en las prácticas samurai del Japón antiguo.
Como buen novato, mi entusiasmo y ganas de aprender y practicar estaban presentes, no solo lo practicaba en clase sino que también lo hacía en casa, además de ver videos, tutoriales y leer al respecto. Todo este entusiasmo y ganas (como en casi todo aspecto de la vida) tuvo un efecto muy positivo en mi aprendizaje, es así que en pocas semanas ya podía hacer los ejercicios regulares con normalidad y con un rendimiento aceptable; es ahí que le pedí a mi sensei (maestro en japonés) que me enseñara nuevas técnicas y que comenzara prácticas de pelea, ya que hasta el momento solo había aprendido cosas muy básicas.
“Hiro ven aquí, y haz el ejercicio de trabajo de pies (parte de la base del kendo)” - me dijo
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